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Ansias

Ojalá fuera un vendaval que lo arrasara todo,  fuera simplemente el ardor y las ansias que me arden por todo el cuerpo y que no libero por no quemar el bosque.

Poder estallar en un millón de estrellas para dar un poco de luz en las noches más oscuras. Derrocaría los regímenes que me atan las manos a la cuerda de la mediocridad y golpearía los muros del tedio y la lasitud… Ojalá fuera un caballo desbocado cabalgando libre por una playa entre acantilados, un rayo que cicatriza el cielo en dos y va saltando de nube en nube.

Ser las manos que acarician tu cadera mientras se me eriza el pelo de la nuca, un chasquido de dedos cuando se me ocurre una brillante idea que no acabo haciendo, la risa desorbitada de un comentario ingenioso y ofensivo en un bar, ser la mirada que provoca la erupción del volcán, el silencio que deja paso al estornudo, el rugido de una moto cuando acaban de arrancarla.

Ojalá fuera una canción perdurase en el tiempo, que se recordara por todo su contenido… Por una nota imposible de alcanzar y que se extiende hasta el infinito, por una letra incomprensible y que hace vibrar las lámparas de araña, los cristales de las ventanas, las copas de vidrio… los corazones helados.

Ojalá fuera la batalla ya ganada, los territorios conquistado, las metas alcanzadas…

OJALÁ FUERA LA 9º SINFONÍA

 

Canciones contra el calor

Si amiguetes, ya están despuntando estos días de calorcito que no paras de sudar, no quieres ver el sol ni en fotografías y cuando andas por la calle te acuerdas de Lawrence de Arabia por el desierto… pero bueno estamos empezando Julio, y no todo es pasar calor. Los días de playa y chiringuitos están ahí ya y alguno como yo nos frotamos las manos con ganas de mojito jajajaja.

Así que se me ocurrió poner una pequeña recopilación de grandes éxitos de ayer y de hoy para esas noches en las que no sopla ni un pedo, las sábanas se te pegan a la piel y un mosquito intruso se cuela por la ventana para darte la noche…

Así que poneros cómodos y disfrutar de la fresca.

 

Nº 1 : Kiko Veneno – Lobo López

El primer corte de la lista barremos para casa y se lo lleva este gran hombre. De su disco del 92 “Échate un cantecito” y una de las más conocidas de su larga trayectoria. La he querido poner la primera porque es tranquilita y a mi personalmente me transmite muy buen royo.

 

Nº 2: The Everly brothers – All I have to do is dream

En ésta cruzamos el atlántico para situarnos en EE.UU y nos trasladamos a 1958 cuando el Rock & Roll estaba en su época dorada. Los acordes somnolientos de esta canción siempre me han invadido la mente la imagen de una barca que se mece suavemente en un mar calmado recorriendo la ruta que una gran luna llena le indica.

 

 

Hmmmm… el video es un poco cutre jejeje, pero bueno es el mejor que he podido encontrar.

 

Nº3: La Aurora de Nueva York – Loquillo

Cambiamos de tercio y metemos al “loco”  en el número 3 con esta adaptación sonora del poema homónimo de García Lorca que  incluyó en su disco “Con elegancia” de 1998 sin la colaboración de los trogloditas y con la ayuda de Gabriel Sopeña. Me gusta esta canción por la combinación de la voz desgarrada de José María con las notas del saxo que parece que vayan a estallar de un momento a otro y que, para aquellos que viven en verano como yo en la ciudad más de lo que quisieran, saben que por la noche con la calor, la ciudad se transforma y parece que los edificios y las calles exhalan frescura y desasosiego a la vez.

 

 

Nº 4: D´yer Mak´er – Led Zeppelin

Sin duda, este es uno de mis grupos favoritos de todos los que he escuchado y, aun así nunca entenderé esta canción y su motivo; porque en la trayectoria de Led Zeppelin creo que pocos grupos le pueden hacer sombra. Con todo eso, Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham fusionaron esta perla del Rock y su modo de ver el Reagge que para mi, fue una tarde de ácido y cervezas en el local de ensayo jejejeje.

 

 

Nº 5: Samba pa ti – Carlos Santana

En el último puesto, sin que se le reste importancia, es para el maestro Santana; sin duda un hombre que sabía lo que es pasar calor por las noches jajajaja. Una baladita puntera de guitarra para agarrarse a alguien y bailarla dejándote llevar delicadamente toda la noche hasta llegar al clímax apropiado. No tiene más que decir el ambiente caribeño que te transmite los dedos de este gran guitarrista.

 

 

Bueno, espero que os haya gustado la recopilación y que el mojito no se os haya aguado.

¡Qué disfrutéis del verano!

Salud!

Salitre

Del grácil planeo de la gaviota bajo la vista hacia tus curvas estremecedoras, aunque, antes de que te des cuenta, cambio de parecer y me quedo estático mirando mi reflejo en tus gafas de sol marrones como el roble, preguntándome si tus ojos también se distraen, o están escudriñando mi alma a través de los cristales sombríos.

El tiempo deja de tener importancia mientras haya luz que nos avise cuando empiece la noche y el mundo se contrae entre la toalla y la orilla donde acaban rompiendo las pequeñas olas sin pedir permiso a nadie. Los escasos grupos de personas que disfrutan de la playa son  aldeas conectadas por caminos de pisadas ardientes que algunos toman para hacer trueques de bebida por tabaco o de hielos por crema solar.

Los sonidos de risas, de música y del profundo e incierto océano rugiendo a lo lejos se rinden a mis oídos y me rinden tributo por estar con ellos, a lo que contesto estirándome como un gato feliz en la toalla con las manos haciendo de almohada tras mi cabeza, hinchando los pulmones con el salitre del ambiente que embriaga todos mis sentidos y articulaciones.

 

Hermosa-playa-1

Sirviente

De casta y linaje viene siendo el sirviente.

 

He recibido a infantas y reyes con la sonrisa torcida en los labios,

he visto brindar a jinetes y amazonas sin prestar atención a sus caballos,

he cruzado miradas con bellas damas que no merecían halagos,

y hasta he pedido autógrafos a deportistas retirados.

 

Las estrellas  han pasado rozando mis hombros,

los políticos siempre con la copa llena,

los famosos con los ojos muy rojos

codeándose unos y otros dando lástima y pena.

 

He sentido la fragancia del dinero en el ambiente,

de la ignorancia y el menosprecio latente,

mientras que los corazones podridos se henchían,

los caballeros deslizantes se reían.

 

He sufrido la gula de manos rápidas y traviesas,

y la ira de ojos clavándose como puñales,

mientras mi camisa se iba llenando de rodales,

las horas en el reloj pasaban lentas.

 

Así que esto es mi día a día,

y te aseguro que a veces da agonía.

Pero si alto te tengo que decir de todo corazón

es un consejo que alguien muy sabio me dio:

 

“NI PIDAS A QUIEN PIDIÓ, NI SIRVAS A QUIEN SIRVIÓ”

No te marees!

Realmente cuando la gente me dice: “¡Joder, es que vives muy bien! ¡Qué feliz eres!” se creen que no tengo las mismas preocupaciones que ellos, ni los mismos problemas… para nada. Estoy igual de jodido como todos, lo que pasa es que por alguna especie de síndrome que tengo, prefiero no darle importancia a ciertas cosas que el resto del mundo se empeña en que las tenga en cuenta.

No tengo dinero, no tengo trabajo, no tengo futuro…así puestos parece la letra de alguna canción de los “Sex Pistols”… pero siempre he pensado que la vida está para vivirla… y que sea lo que Dios quiera como diría algún torero.

Pues bien, mi melopea de hoy es que aprecies el día a día como si fuera el último que pasaras en esta tierra…como si no hubiera mañana. Hoy sin ir más lejos le he echado la bronca a una anciana por cruzar la Gran Vía Marques del Turia en Valencia sin ni tan siquiera mirar los coches que iban embalados por los carriles como torpedos. La mujer sin embargo ni tan siquiera se ha dignado en contestarme ni replicarme lo más mínimo, ha continuado su camino como si no hubiera pasado nada.

No digo esto para que todos nos tiremos al asfalto como gallinas desorientadas, sino para que nos paremos a pensar en que es lo que queremos hacer en esta vida, apreciemos los buenos momentos y olvidemos los malos y aprendamos de ellos.

 

La ira

La curiosidad ante aquel maletín era tal, que no me dejaba dormir. ¿Quién lo habría dejado en mi puerta? ¿Por qué? La nota que lo acompañaba no me ayudaba mucho, es más, cada vez que la leía mi sangre hervía sin remedio; “No abrir si no quieres saber la verdad”.

No estaba firmada, y lo más raro de todo es que estaba mecanografiada con una vieja máquina de escribir. ¿Qué habría dentro de ese maletín? Su color negro azabache me inquietaba, y cada vez que lo sostenían mis manos no paraban de acariciarlo de una forma hipnótica, casi como si estuviera en un trance.

“No abrir si no quieres saber la verdad” ¡Maldita sea! Pero ¿qué verdad? No tenía ningún tipo de cierre, ni cerradura para una llave, simplemente una chapa metálica en el centro bajo el asa, inmóvil y fría.

No pude resistir más, tras varios días de incertidumbre, y cansado de esperar si alguien se presentaba en mi casa preguntando por él me dispuse a abrirlo. Cogí mi oxidada caja de herramientas, y con un destornillador bien grande hice palanca justo en el medio del maletín. Al principio quise hacer el menor esfuerzo posible con la esperanza de una vez abierto poder volver a cerrarlo sin romper el mecanismo. Pero el destornillador, que lo quise emplear como un bisturí en una operación médica pasó a ser una palanca de minero.

El ser que escribió aquella nota debió ser el mismísimo Satanás; porque la advertencia no podía haberse escrito de mejor manera.

Con un golpe seco y certero conseguí abrir el maldito maletín negro, pero la tapa no saltó con la violencia que yo esperaba, se abrió cuanto apenas, como si pesara una tonelada. Cuando lo abrí del todo había un pañuelo del mismo negro que la tapa que cubría un sobre color manila muy bien colocado en el centro del maletín, y junto a él, había un revolver plateado y brillante. Lo sostuve con miedo y me percaté de que solo tenía una bala en el cargador. Llegado a ese momento, la valentía y el odio que me habían hecho abrir el dichoso maletín se convirtieron en terror e incertidumbre…pero ya era demasiado tarde para abandonar la misión.

Mientras desataba el pequeño lazo que cerraba el sobre manila, mi mente no paraba ni un segundo preguntándose qué habría en el interior; informes fraudulentos del trabajo, una nota de amenaza, o de secuestro de mi familia… pero nunca imaginé que el secreto que guardaba aquel sobre fuera tan demoledor como lo que encontré.

Decenas de fotografías tamaño folio mostraban la traición en alta calidad y definición de la persona que una vez quise, ame y traté como una reina. No dejaban duda alguna, mi esposa se entendía con otro hombre, uno que parecía más atractivo y joven que yo; y que al parecer se habían visto en más de una ocasión y en más de una posición.

La locura se apoderó de mi, todo a mi alrededor daba vueltas, tantos años tantas vivencias, dos hijos pequeños, todo… y al final… la verdad. La verdad era que la enajenación que mi mente sufría se hizo fuerte, me convirtió en un monstruo desatado de su mordaza.

Cargué el revólver y con el cañón apoyado sobre la frente caminé frenéticamente por toda la casa de arriba abajo. La casualidad hizo que justo me encontrara a mi mujer con mis hijos en la puerta principal, la desdicha fue que estuviera tan aturdido que no los oyera entrar.

Tan solo bastó una mirada, las palabras hubieran sido un insulto a la realidad, nada de lo que saliera de su boca podría haber callado mi corazón. La ilusión de verla muerta se cruzó como un relámpago por mis retinas, y así fue como la maté, como si de un agarrotamiento muscular se tratara, la pistola dejó de apuntar mi sien derecha para apuntar al frente…y el gatillo no flaqueó.

Aun no pasa ni un solo día en el que no desee haber tenido otra bala para mí en ese momento…

Con dos duros en el bolsillo

¿Quién no ha oido esta canción? Vale, a lo mejor por el título no os suena, más que nada porque la canción se llama “Cuando T has ido” de Los Rodriguez.

La pongo aquí porque podría comparar con la primera frase de la canción mi situación a día de hoy: “Con dos duros en el bolsillo la cosa está tomando mucho brillo, no se acabaron los problemas, es solamente una cuestión de monedas”

Habrá quien piense, y haya oido esta canción, que el mensaje va dirigido a que el cantante (Andrés Calamaro) sienta dolor o pena por una chica a la que perdió… por eso lo de “Me siento muy mal cuando te has ido”… Pero por qué no darle una vuelta de rosca y decir que no es una chica a la que se dirige si no a la propia FELICIDAD de uno mismo, es decir, a las ganas de llevar el día a día con alegría (como diría Leticia Sabater…Dios nos asista)

Pensadlo… cuando todo te va bien, la vida se pinta de color de rosa y crees vivir en el mundo de la piruleta orgásmica en donde todo tiene sentido y la “cosa” fluye y hay buen royo… pero que pasa los días en que no, los llamados días malos o feos, o porque no decirlo, LOS DÍAS EN LOS QUE ESTÁS HASTA LOS COJONES DE TODO. ¿Qué haces en esos días?… ¿Pegarte un tiro? ¿Comer helados hasta que te sacies? ¿Hacer deporte para sentirte mejor? Jajajajaja, qué encrucijada eh amigos

SÍ! Seguro que estareis pensando, que tio más cenizo y gris, todo lo ve fatal… la vida hay que saborearla y disfrutarla porque se acaba enseguida… ¡CORRECTO! Pero recordad que en esos días “feos” os teneís que aferrar a algo para continuar adelante por muy mal que esten las cosas, hoy he pensado en como me van las cosas y me he acordado de esta canción…

Besos y abrazos a todos los que leais estas líneas, porque si habeis llegado hasta aquí os estareis planteando qué momentos, vivencias o experiencias os hacen sentir vivos.

 

ATENCIÓN: Estas ideas estrambóticas pueden estar inducidas por efecto del alcohol, si padece algún tipo de transtorno psicosomático o deseos de saltar de la silla y ponerse a girtar tras leer este post, por favor, consulte a su farmacéutico.

Luna Roja

El cortante frío de Diciembre golpeaba mi nuca causándome escalofríos por todo el cuerpo. Agujas heladas que se clavaban en mi piel. A mis espaldas los ecos de las campanadas que marcaban las doce de la noche, el viento caprichoso transportaba los sonidos metálicos y añejos a mis oídos. Delante… solamente mi destino.

Por un momento, mi gabardina se agitó como la vela de un navío que no está bien amarrada a su mástil. Me subí el cuello para resguardarme un poco, y en cuestión de segundos el aire se calmó y se creó una nitidez en el ambiente tan sólo comparable con la suavidad de una interpretación de piano…armonía.

Ahí arriba… en medio del viejo puente, y con la solitaria compañía de dos santos olvidados que ornamentaban la pasarela, era la única alma que se apreciaba por los alrededores; el único que se interponía en el haz blanco, y a la vez azul de la luna a su paso por estas tierras. Una sombra más ante la luz que se reflejaba en las aguas del río que viajaban velozmente hacia el mar.

Al frotarme las manos ásperas noté que aun conservaban el calor de la última víctima, incluso pude imaginar pequeños restos de sangre entre los poros y las grietas de mi piel. No sabía su nombre, ni su edad, no sabía nada de ella…¡Dios pobre mujer! ni tan siquiera me acuerdo de qué color era su pelo o sus ojos. La incierta casualidad hizo que se cruzara en mi maldito camino de locura desatada, ¿quién era yo para quitar una vida? ¿un ángel de la muerte? ¿un depravado y silencioso asesino? o simplemente un hombre que había perdido el norte en su camino hacia la búsqueda de todo aquello que pudiera excitar y alterar sus sentidos.

Un sonido no muy lejano me distrajo de mis pensamientos y una vez más el viento caprichoso me elevó en una nube de perfume femenino en un estado de éxtasis, se apreciaba cerca de donde estaba, la figura de una mujer que no parecía muy esbelta y que se acercaba cada vez más y más a mí. A diferencia de mis pulsaciones, la mujer caminaba de forma lenta y pausada…tranquilamente vi lo que tenía que hacer, como si no hubiera notado su presencia metí la mano en el bolsillo exterior de mi gabardina para sacarme un cigarrillo. Las caladas se intercambiaban con el ruido de los tacones que se aproximaban inexorablemente, mientras que en mi interior, sólo notaba como la adrenalina se aceleraba por mis arterias… y me hacía sentir bien.

Por el rabillo del ojo pude espiar lo suficiente a aquella preciosa joven de tez pálida y nariz respingona, miraba hacia el suelo a pocos pasos de los suyos sin levantar la vista apenas mientras su pelo jugueteaba con el gélido viento de invierno… saboreaba todos los detalles posibles preguntándome como era posible que luego me olvidara de ellos y los desechara como si fuera basura de mi cabeza. Llevaba puesto un abrigo marrón oscuro y muy grueso que le llegaba casi a las rodillas pero que dejaba al descubierto su frágil y precioso cuello de cisne. Asía en cada mano sendas bolsas que debían ser muy pesadas, no adiviné qué llevaba hasta pasados unos minutos después, pero pude notar cómo le costaba respirar, como si hubiera estado cargando con ellas largo tiempo.

Pasó por detrás de mí como si ninguno de los dos diera cuenta del otro, como si ambos estuviéramos perdidos en nuestras divagaciones mentales, y en efecto así lo era. En ese preciso instante por deseo de la noche percibí un aroma dulce y afrutado, similar a un mazapán empapado en licor de vainilla, lo que hizo que todo el vello de mi cuerpo se erizase como un chispazo eléctrico.

Arrojé la colilla del cigarro al río y en un movimiento tan rápido como silencioso, deslice mi mano por el bolsillo de la gabardina, saqué mi vieja navaja de afeitar y me giré hacia donde mis impulsos asesinos me indicaban. Parecía como si todo transcurriera fotograma a fotograma de una película antigua… con mi mano izquierda conseguí taparle la boca y antes de que ella pudiera reaccionar le hice un tajo largo y profundo por debajo de su barbilla; rápido, eficaz y monstruoso. Las bolsas cayeron a la vez al suelo y salieron rodando algunas naranjas por la acera del puente… silencio absoluto.

La sostuve entre mis brazos mientras la vida se le escapaba a borbotones antes de colocarla suavemente sobre el frío y desolado suelo, como si fuera una muñeca de porcelana, con suma delicadeza.

Ante aquella vil y cruel escena, no había palabras para decir cómo me sentía, el corazón me latía a mil por hora, pero el pulso lo mantenía sereno y firme como si de un cirujano se tratara. La mente se me quedó en blanco mirando cómo se formaba un gran charco rojo alrededor de la chica; la luna permanecía presente en él, un punto blanco inmóvil fue el único testigo de aquel atroz crimen que me perseguiría cada noche que observara el cielo.

Miré a mi alrededor –oscuridad y tristeza- encendí otro cigarrillo y caminé hacia una vereda del río para perderme con las sombras en otro rumbo de locura sin mirar atrás, soltando bocanadas intermitentes como el humo de una locomotora que cruza el horizonte de madrugada…

El Reencuentro

Allí estaba, arriba del todo de una estantería en la última habitación de la casa que se me habría ocurrido buscar. Qué fácil fue decidir en su día, guardar todo lo que me importaba de verdad en aquella simple caja de madera que en su día usó mi abuelo para guardar sus utensilios de aseo, y con que rapidez se me olvidó el lugar sagrado donde la dejé descansar para darle la espalda.

Ahora me reencuentro con aquellas cartas y viejos cuentecillos y me acuerdo de cuando me gustaba escribir…

 

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Pensé que ¿por qué no publicar lo que antes escribía en papel y que la gente lo leyera?, pues bien…aquí os iré dejando poco a poco las divagaciones de mi mente, algunas nuevas y otras rescatadas de esa vieja caja de madera.

Espero que os guste.